Un estado de igualdad, dentro del cual todo poder y toda jurisdicción
son recíprocos, en el que nadie tiene más que otro, puesto que no hay
cosa más evidente que el que seres de la misma especie y de idéntico
rango, nacidos para participar sin distinción de todas las ventajas de la
Naturaleza y para servirse de las mismas facultades...
Sostiene que hay una ley natural que rige a la Naturaleza y al hombre
y que es para éste ley moral, a la que puede acceder por la razón. Esta ley consagra la vida,
la libertad y la propiedad. En el estado de naturaleza ya existe esta ley y el hombre, como
ser razonable, la conoce. Pero la ausencia de una autoridad superior impide garantizar que
los derechos y deberes que la ley natural prescribe sean respetados por todos. Locke
considera que el derecho cuyo respeto es más difícil que se dé en el estado de naturaleza es
el de propiedad. Para defender estos derechos surge la sociedad, el derecho y la autoridad
Cuando Locke hable de un estado de naturaleza es porque se admite una ley natural
que puede descubrirse con la razón; el estado natural es un estado de libertad, más no de
libertinaje ya que existe una ley que gobierna a todos y debe de entenderse la libertad en el
marco de la ley natural como regla única, no se está sometido a ninguna restricción que no
sea la ley natural dado que todos son criaturas de dios.
Esta ley implica derechos como el de conservación propia, defensa de la vida y el
derecho a la libertad, pero estos deberes implican una co-relatividad, es decir, no solo
implican un derecho sino que se convierten en deber. Por ejemplo un hombre tiene derecho
a la conservación propia y por consiguiente a defender su vida, porque tiene obligación de
hacerlo. Y se está moralmente obligado a emplear todos los medios para efecto de este fin,
pero en el marco de la ley divina o natural.
La primera impresión del estado natural es que los hombres conviven en una forma
amigable gozando de libertad y paz bajo el imperio de la naturaleza.
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